LA ACTUALIZACIÓN NO ES UN MODISMO

José E. Arroyo

La Actualización Doctrinaria no es un Modismo

Por: Ademar Arthur Chioro dos Reis

 

Médico sanitarista, profesor universitario, actual Presidente de la Empresa Brasileña de Servicios Hospitalarios (EBSERH); fue presidente del Centro Espírita Allan Kardec, de Santos, miembro del Centro de Investigación y Documentación Espírita (CPDOC) y Delegado de la Confederación Espírita Panamericana (CEPA) y CEPA Brasil.

 

Artículo publicado julio de 2000 – Spiritnet y en la Revista CEPA Brasil – Asociación Brasileña de Delegados y Amigos de CEPA Asociación Espírita Internacional 20 de abril de 2026.

Es realmente muy difícil entender la ferocidad y la intransigencia que han marcado la discusión entre los espíritas. La observación atenta, desprovista de prejuicios y desapasionada, sin embargo, permite identificar de dónde proviene esta postura tan sectaria y su motivación.

Existen raíces históricas, disputas antiguas, que en este momento vuelven a agudizarse en torno a cuestiones secundarias (que no conducen absolutamente a nada, como por ejemplo si el Espiritismo es o no una religión) y otras absolutamente necesarias, centrales para la supervivencia, evolución y el propio futuro de la Doctrina Espírita: la necesidad de emprender la actualización del Espiritismo.

A continuación, destaco algunos presupuestos que considero de fundamental importancia para la formulación de una propuesta metodológica de actualización del Espiritismo, como forma de contribuir al debate que se viene desarrollando:

El Espiritismo es la ciencia que trata de las relaciones entre el mundo espiritual y el material, portadora de una concepción filosófica humanista, que resulta en consecuencias éticas y morales (comunes a las preocupaciones religiosas sinceras y desprovistas de ritualismos y sectarismos). La actualización no puede ser un modismo, sino que debe constituirse en un proceso permanente, incorporado definitivamente a la praxis espírita.

Debe admitir la heterogeneidad, el derecho a ser y pensar diferente, a establecer nuevos referentes a partir de los fundamentos espíritas básicos.

Es necesario reconocer que la Filosofía Espírita, fundamentada en la obra de Kardec, permite el desarrollo de distintas lecturas, a partir del conjunto de intereses y necesidades humanas (y que eso también es democrático).

No es necesario decidir por mayoría cuantitativa, sino por la capacidad y calidad del conjunto de ideas de imponerse por su propia fuerza, claridad y actualidad, como nuevas verdades.

Es fundamental buscar de forma prioritaria la actualización en torno a puntos convergentes. Lo que es consensual en primer lugar, lo que puede llegar a ser consensual (aunque sea parcialmente) en segundo plano y, por último, aquello que efectivamente establece las distintas concepciones y nos divide (aunque partamos o no de los mismos referentes).

Solo se actualiza lo que no se niega, lo que aún tiene valor esencial (de lo contrario estaríamos sustituyendo el Espiritismo por algo diferente). Solo se actualiza sobre bases establecidas (aunque en parte estén superadas o desfasadas). Por otro lado, reconozcamos: hay nuevos conocimientos por formular.

La búsqueda de la actualización debe establecerse a partir de las mismas bases serias y coherentes que guiaron la obra de Kardec, orientada por la racionalidad y la ciencia, sin afectaciones, partidismos, sectarismos ni misticismo.

Allan Kardec identificó desde el primer momento la necesidad de actualizar el Espiritismo, lo que puede percibirse claramente en fragmentos de su obra, en particular en el Capítulo Primero de La Génesis – Los milagros y las predicciones según el Espiritismo, titulado Caracteres de la Revelación Espírita, publicado en 1868 y que ya había sido presentado en una primera versión en la Revista Espírita en 1867.

“El Espiritismo, avanzando con el progreso, jamás será superado, porque, si nuevos descubrimientos le demostraran que está en error en algún punto, se modificará en ese punto; si una nueva verdad se revela, la aceptará.” (La Génesis, cap. I).

“El tercer punto, en fin, es inherente al carácter esencialmente progresivo de la Doctrina. Por no dejarse arrullar por sueños irrealizables, no se inmoviliza en el presente. Apoyada únicamente en las leyes de la Naturaleza, no puede variar más que estas leyes; pero, si una nueva ley es descubierta, debe ponerse de acuerdo con ella. No debe cerrar la puerta a ningún progreso, bajo pena de suicidarse. Asimilando todas las ideas reconocidamente justas, de cualquier orden que sean, físicas o metafísicas, jamás será superada, constituyendo esto una de las principales garantías de su perpetuidad.” (Obras Póstumas).

“No será, pues, invariable el programa de la Doctrina, sino como referencia a los principios que hoy han pasado a la condición de verdades comprobadas. Con relación a los demás, no los admitirá, como ha hecho siempre, sino a título de hipótesis, hasta que sean confirmados. Si se le demuestra que está en error en algún punto, se modificará en ese punto.”

“El principio progresivo, que ella inscribe en su código, será la salvaguarda de su perennidad y su unidad se mantendrá exactamente porque no se basa en el principio de la inmovilidad.

“Serán estas las atribuciones principales de la comisión central: 1°…; 2° el estudio de los nuevos principios susceptibles de entrar en el cuerpo de la Doctrina; 3°…; 15° la convocatoria de congresos y asambleas generales.” (Obras Póstumas).

Existen sectores significativos del movimiento espírita que consideran innecesario y perjudicial cualquier proceso de actualización del Espiritismo, ya que conciben su origen y naturaleza como “divina”, por lo tanto, susceptible de modificación solo por orden y gracia de la “espiritualidad”.

Incluso compañeros espíritas que discuten la necesidad de actualizar el Espiritismo, en función de distorsiones en sus concepciones y formación doctrinaria, tienden a asumir una postura arrogante y conservadora desde el punto de vista intelectual. Veamos, por ejemplo, un pequeño fragmento de un correo que identifica claramente esta concepción:

“A pesar de ello, todavía tenemos una sólida e imbatible Doctrina. Es una plataforma segura para alcanzar nuevos vuelos con la ciencia responsable y metodológica, pues este es el ‘destino’ del Espiritismo: ir donde la ciencia está, ya sabiendo que la ciencia va hacia donde el Espiritismo ya fue…” (el subrayado es mío). Es indiscutible la actualidad de partes importantes y fundamentales de la obra de Kardec, no superadas por la Ciencia, encontrándose estas, por lo tanto, en plena vigencia. Actualizar el Espiritismo es procurar “hacerlo actual, situarlo en la época en que vivimos, hacerlo presente y actuante en todos los sectores del pensamiento humano. Esto implica una relectura, una resignificación, por lo tanto, una revisión de los contenidos, no solo de la obra de Allan Kardec, sino también de la de otros autores espíritas, encarnados y desencarnados, así como del lenguaje y del método empleados en su elaboración. No se puede actualizar sin revisar.”

No se debe permitir la alteración o supresión, parcial o completa, de los textos y obras de cualquier autor —y en especial de Allan Kardec—. “En cambio, las ideas, concepciones y teorías expuestas en las obras de la Codificación y en las que las complementan, como el propio fundador del Espiritismo afirmaba, al no ser más que la expresión del conocimiento de sus autores, subordinadas al contexto de una época, son susceptibles de revisión y actualización.”

Propongo, a partir de estas consideraciones preliminares, convocar a todos los espíritas sinceros a que orientemos nuestros esfuerzos, mentes y corazones, de forma respetuosa e inteligente, hacia el debate de temas y cuestiones centrales.

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